El reciente rescate de un joven en el Parque Rural de Anaga, que sufrió un síncope mientras transitaba por un sendero cerrado, ha servido como un vivo y recurrente recordatorio de una verdad inmutable: la seguridad en la montaña es el resultado directo de una planificación meticulosa, un profundo respeto por el entorno y una adhesión inquebrantable a los protocolos establecidos. La rápida intervención del GES y del Servicio de Urgencias Canario (SUC) culminó con su evacuación, pero el suceso subraya un problema de fondo en la cultura del Deporte de Montaña.

El Coste de la Negligencia y la Falsa Promesa de la Licencia

A diferencia de otras regiones, Canarias cuenta con un marco legal robusto que le permite repercutir los costes de los servicios de rescate cuando estos se derivan de una conducta imprudente. Esta potestad no es arbitraria, sino que está claramente definida en la legislación, que aplica esta tasa cuando la prestación del servicio se origina, entre otros supuestos, por “no atender a las alertas de riesgo o peligro declaradas por las autoridades competentes” o por “acceder a zonas de acceso prohibido o restringido”. El coste de estos servicios, especialmente el uso de un helicóptero del GES, que puede superar los 6.000 € por hora de vuelo, es un “impuesto a la negligencia” con un claro propósito preventivo y disuasorio.

Ante este escenario, existe la creencia extendida de que la licencia federativa de Fecamon constituye una primera línea de defensa incondicional, que ser Federado equivale a un salvoconducto universal contra los imprevistos económicos de un accidente. Sin embargo, esta percepción se enfrenta a la dura realidad de las cláusulas de los seguros. Para que un accidente sea cubierto, debe ser “una lesión corporal que deriva de una causa violenta, súbita y ajena a la intencionalidad de la persona asegurada”. Al ignorar una prohibición explícita, la Persona Deportista introduce un elemento de voluntad que contamina la naturaleza puramente accidental del suceso, dejando en entredicho la cobertura.

Una Brecha de Responsabilidad: La Tecnología sin Juicio

Las estadísticas son elocuentes sobre una creciente oleada de incidentes. En los primeros meses de 2025, el GES ya había realizado 66 rescates de senderistas. El problema se atribuye a una «brecha de responsabilidad»: la facilidad con la que se puede acceder a la información (o desinformación) sobre rutas ha superado la asimilación de la cultura fundamental de seguridad, planificación y respeto. La tecnología o las apps de seguimiento de rutas, puede generar una falsa sensación de seguridad si no va acompañada de juicio y prudencia.

La decisión de ignorar una señal de «sendero cerrado», un “barranco prohibido” o una “vía de escalada temporalmente cerrada”, revela una incomprensión considerable de la gestión de la seguridad en el medio natural. Estas prohibiciones no son arbitrarias; son actos administrativos emitidos por las autoridades competentes en respuesta a riesgos específicos (incendios, temperaturas, inestabilidad del terreno). Ignorar una de estas prohibiciones no es un simple acto de desobediencia, sino una violación de una medida de seguridad pública decretada para proteger vidas.

Recomendaciones: Una Llamada a la Práctica Deportiva Consciente

Para evitar que una jornada de disfrute se convierta en una pesadilla, es imperativo adoptar un enfoque de presencia en la montaña consciente. Las siguientes recomendaciones no son opcionales, sino la base de una práctica segura y respetuosa:

  1. Formación Fecamon: Invertir en la formación continua que ofrece la Escuela Fecamon, ya que proporciona las herramientas técnicas y la base ética para una práctica segura y consciente en el medio natural.
  2. Actividades de Club: Participar en las actividades organizadas por los Clubes Fecamon. La experiencia y el conocimiento del grupo son un valioso recurso para minimizar los riesgos y disfrutar de la montaña de forma segura.
  3. Planificar Meticulosamente: Consultar siempre fuentes oficiales sobre el estado de los senderos, las alertas y las restricciones vigentes. La planificación no termina al elegir la ruta; comienza con la verificación de su viabilidad y seguridad.
  4. Comprender el Seguro: Leer y entender los términos de la póliza federativa. La cobertura está supeditada a una conducta diligente y a la ausencia de negligencia grave. El seguro es un compañero para lo inesperado, no un cómplice para lo imprudente.
  5. El Juicio es el Mejor Equipo: La capacidad de evaluar los riesgos y tomar la decisión de dar la vuelta es la verdadera marca de una práctica deportiva responsable.
  6. Respetar Toda Señalización: Una señal de “prohibido el paso” es un mandato, no una sugerencia. Ignorarla es el primer paso hacia el desastre.

En última instancia, la libertad en la Montaña Canaria va unida a la responsabilidad individual. Es nuestra decisión gestionar los riesgos con inteligencia, humildad y una profunda conciencia de las consecuencias de cada paso.